¿Cómo sería un apagón en la era digital?

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Con los últimos anuncios sobre el nivel de los embalses de las hidroeléctricas del país, el alargado fenómeno de El Niño que se debate infinitamente entre que un día vive y al siguiente muere, la campaña nacional de ‘Apagar Paga’ que hasta ahora no ha tenido los resultados que se requieren, y la constante amenaza de la XM de los cortes programados que son “absolutamente necesarios”, es imposible no pensar en un apagón, por dos razones: sería nuestra segunda crisis y se daría en medio de la era digital.

La mítica foto que recuerdan muchos de los colombianos del entonces ministro de Comercio y hoy presidente de la República, Juan Manuel Santos, adelantando una hora en reloj para aprovechar más la luz, es solo uno de los recuerdos del apagón de 1992. En ese entonces, los colombianos no solo madrugaron más, sino que se obligó a dormir más temprano, a terminar las tareas con velas y a hablar mucho.

Es fascinante la cantidad de historias que se oyen entre los amigos y los compañeros de trabajo sobre lo que recuerdan de esa época: muchos destacan que en tierra caliente nacieron las tertulias en las terrazas o en los porches de las casas, buscando mitigar el calor por la falta de aires y ventiladores y reemplazando con la interacción cara a cara el momento tradicional del noticiero y la telenovela.

Otros, dicen que madrugar a clases era una tortura, salían de noche de sus camas al baño e incluso a tomar el transporte que los llevaba a colegios y universidad y cuando apenas despuntaba el alba en el cielo, ya estaban todos sentados con un profesor dando lecciones.

A estas remembranzas se unen también las de los padres y abuelos que cuentan que ayudar a los hijos a hacer tareas y completar alguno de los quehaceres del hogar era un tema que requería muchas velas, artículo que por ese entonces se volvió de la canasta familiar, así como los candelabros.

De esa época quedó también La Luciérnaga, uno de los programas radiales de mayor audiencia en Colombia y de mayor historia, que nació bajo la dirección de Hernán Peláez y se consolidó como el espacio que acompañaba en las noches oscuras (literalmente) a los colombianos.

Con todo eso en mente, ¿Cómo sería un apagón hoy? Se saldría a los balcones, terrazas y porches, volverían las reuniones en las salas o por el contrario las personas se quedarán en las habitaciones con la cara iluminada por las pantallas de tabletas y celulares matando tiempo mientras se acaba la batería (que tampoco es mucha porque ese es uno de los grandes dolores de cabeza de estos equipos).

¿Sin luz se desconfiguraría entonces la alarma de esos despertadores electrónicos que levantan con la letra de la canción favorita? ¿Cómo serán las tareas de los alumnos afanados sin Wifi y por ende sin Google, Wikipedia y Rincón del Vago? Se duda que la mayoría de ellos conozca una enciclopedia o la haya hojeado (así, con H, con O seguramente muchos).

Seguramente los centros comerciales y otros sitios operarán con plantas, pero y si no, adiós a los cafés nocturnos, los tragos sociales y las salidas a comer, eventos calve en la vida social de muchos adultos jóvenes foráneos en las ciudades que viven que han construido con sus núcleos de amigos pequeñas familias adoptivas.

¿Y si Movistar, Claro y Tigo no tienen luz, tampoco tendríamos internet móvil entonces? Seguramente también operarán con planta, pero vale pena hacerse la pregunta.

¿Qué pasa con el tráfico de los portales de internet, el peleadísimo ranking de la franja triple A de los canales nacionales RCN y Caracol?

En un mundo que ya poco usa velas, que reemplazó las linternas por el flash de los celulares y que es mucho menos recursivo que el de 1992, el apagón sería un fogón de historias maravillosas y por supuesto una crisis aún mayor para el sector energético de lo que lo fue la primera.

Y ni hablemos de volver a adelantar una hora más el reloj porque en tiempos donde dormir es casi un privilegio, el Gobierno cargaría el peso de haberle robado dos horas de sueño a las generaciones que viviríamos el apagón 2.0.

 

Mientras el inminente apagón está por hacerse realidad, las empresas de diferentes industrias buscan la forma de ahorrar energía, herramientas como Aranda Power Management permiten optimizar el consumo de energía en las estaciones de trabajo, minimizando el impacto ambiental por emisiones de CO2, reduciendo así costos de operación. El ahorro de energía, debería ser una constante en todas las épocas del año, y no solo en momentos de crisis. Conozca más de esta solución aquí.

 

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