¿Debe la región trabajar en las Nubes?

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En tecnología siempre nos hemos visto abrumados por la rapidez con que evolucionan las cosas. A pesar de que la idea que reside tras el término «Computación en la Nube», se viene trabajando hace algo más de una década, su uso y apropiación en los gobiernos de los países en vía de desarrollo no es alto. ¿A qué puede obedecer esto?

Hablemos de empresas privadas o de entidades estatales, se encuentran fuerzas a favor y en contra para adoptar los servicios en la nube. La balanza entre estas fuerzas es la que determinará la decisión de migrar o no los servicios. Los beneficios más atractivos para usar la nube en lugar de adquirir infraestructura propia se pueden resumir en:

Costo de implementación: Los servicios en la nube establecen el modelo de pago por uso, lo que permite adquirir servicios con base en las necesidades presentes, en la medida que éstas cambian, se aumentan o disminuyen. Por ejemplo, en el caso de servicios de infraestructura, el pago se realiza por el tiempo que los servidores sean utilizados o el almacenamiento por el espacio consumido, etc. El dimensionamiento y las inversiones en infraestructura propia ya no sería una preocupación.

Agilidad del negocio: Los servicios en la nube permiten adquirir recursos de manera rápida debido a que no están sujetos a los tiempos de espera, de envío e instalación física de infraestructura. Esta característica permite implementar soluciones tecnológicas en una ventana de tiempo corta, facilitando que las empresas aprovechen las oportunidades del mercado y sean más competitivas.

Enfoque del personal de tecnología: La nube no elimina la necesidad de contar con una oficina de sistemas, sino que transforma sus funciones. Al liberar al personal de tecnología del mantenimiento y operación de la infraestructura y las plataformas puede dedicar tiempo principalmente a aumentar la contribución de la tecnología en el plan estratégico de su organización.

La computación en la nube no sólo constituye un avance tecnológico, sino que también tiene potencial para impactar positivamente en la sociedad. ¿No sería esa una razón suficiente para intentarlo? Ante esto, hay que buscar una solución como respuesta a los argumentos en contra, como: la gestión de la información, puesto que gran parte de ella es confidencial o sensible y los gobiernos son renuentes a permitir que salga de sus fronteras. La seguridad, otro elemento de preocupación, puesto que se suele ser muy restrictivo al ocuparse de la información personal de los ciudadanos. Hay que ajustar la falta de estandarización que no garantiza la portabilidad de la información y los servicios, lo cual conlleva además esfuerzos significativos para la migración de los sistemas.

En la actualidad, dada la madurez de los proveedores de servicios de nube, los riesgos son menores. Se cuenta con expertos en cada tema y se ofrecen varias modalidades y opciones. Podemos hablar por qué no una nube de gobierno y proponer una nube privada para la colaboración entre las entidades del Estado, o tener servicios más comunes como un correo electrónico o aplicaciones de ofimática en una nube pública. De cualquier modo, la nube puede considerarse un acelerador de los beneficios de la tecnología.

Ignorar la potencialidad de la nube puede suponer un error estratégico a largo plazo. La computación en la nube «democratiza» las tecnologías de la información, de lo cual los ciudadanos de los países en desarrollo serán los mayores beneficiados. El gobierno debe dar ejemplo sobre su implementación y adopción. El compromiso es de todos.

 

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